SIN TAPUJOS. Por sus frutos los conoceréis




  • Escribo esto casi a las doce de la noche del domingo 1 de Julio después de todo un día de grandes emociones. Comencé a las 9 y media de la mañana votando en mi nueva casilla de la calle Novena en las instalaciones de la Universidad Xochicalco. Por muchos años voté en la escuela México pero fue cambiada por desmanes de la pasada elección que culminaron con la quema de algunas urnas.

    La nueva casilla resultó mucho más amplia y concurrida, el estacionamiento casi lleno junto con las calles aledañas fue una muestra clara de la afluencia de votantes. Pero hubo buena organización y a pesar del gentío logramos votar, mi esposa, una hija y su servidor en cosa de 20 minutos. Como lo escribí, cumplí: Voté por Ricardo Anaya y crucé también con el azul del PAN, a Senadores y Diputados.

    El resto del día lo dediqué entre otras cosas a ver parte de los juegos del Mundial, los asombrosos resultados a base de penales, el de Rusia ganándole al favorito España y a Croacia vencer a Dinamarca. Pocas veces ve uno fallar tres de los cinco penales a jugadores de ese nivel. Increíble, como muchas cosas que están sucediendo. Luego a estar pendiente de las votaciones. El resultado, usted lo conoce.

    Andrés Manuel ganó de calle. Poco después de las ocho de la noche el INE dio la encuesta de salida que le daba arriba del 50 por ciento. Con eso se desató una lluvia de reconocimientos de la victoria y de la derrota. Primero de “don Mid” que aceptó con buen estilo y se adelantó a todos. Luego siguieron el ex joven maravilla y el Bronco, que también reconocieron la calidad de la melcocha.

    AMLO remató esa noche histórica la gran faena desarrollada durante 18 años de terca y tenaz campaña política con tremendos discursos, uno desde su base de campaña y el otro en el Zócalo, ya casi a medianoche, ante miles de delirantes admiradores y adoradores. Repitió el famoso discurso del 27 de Junio en el Azteca, ahora en dos partes y mostrando, calmado y sonriente, el cinturón de Campeón Indiscutible, el Candidato ganador de la “silla de doña Leonor”, la Presidencia de la República.

    Quiero presumirte al estimado lector, que con el triunfo de AMLO gané tres apuestas. Me basé en mi columna, publicada en mayo 21 en este espacio, titulada “El arroz ya está cocido”. Dos de ellas a compañeros de mi mesa cervecera el sábado 26 de mayo. Lancé la apuesta a los seis presentes, les di dos a uno, yo perdía 200 pesos y ganaba cien. Me aceptaron solamente dos y el resto no le entraron. La otra la hice al día siguiente por teléfono con un querido amigo sonorense que tiene muchos años viviendo en Tucson, igual, yo perdía 20 dólares con Anaya o Meade y ganaba diez con AMLO.

    López Obrador hizo muchos méritos en una campaña larguísima que culminó con ese discurso del Estadio Azteca que apaciguó los ánimos de muchos de sus detractores, especialmente del sector empresarial y del gobierno Federal. Habló por un lado de globalización, de valores, libertades, respeto a la propiedad, apoyo a la IP y perdón a Peña Nieto. Por otro lado prometió apoyos a la tercera edad, incapacitados, jóvenes, cero gasolinazos y sígale usted por su cuenta. Un tremendo santaclós cargado con un saco del tamaño del cerro de El Centinela, lleno de billetes.

    Nos dijo a todos lo que queríamos escuchar. Un discurso muy bien manejado, leído y pronunciado. Prometió en síntesis, ser el mejor Presidente de la República.

    Pero dice el dicho popular que “son más las echadas que las ponedoras”. Estaremos muy pendientes de sus actividades, comenzando por este período larguísimo de casi cinco meses hasta que tome posesión y comience, como dicen en Sonora, “a echar jodazos”, a gobernar. Estaremos muy pendientes. Como dice la sabia conseja: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7: 16-21. Todo buen árbol da buenos brutos).

    Y hasta aquí la dejo, estimado lector. Ya veremos si este saco enorme, grandísimo, que se pondrá AMLO el 1 de diciembre, le queda bien, o por el contrario, muy grande, muy holgado. Por mi parte, le concedo el beneficio de la duda y espero resultados para juzgarlo. Como dicen por allá en Caborca, “viendo el muerto….y soltando el llanto”. Dios quiera y le vaya muy bien. 

    *) El autor, 78 años, ingeniero agrónomo. Entomólogo algodonero Valle de Mexicali (1963-64). Agricultor 20 años Caborca (1971-94). En Sonora y BC directivo industria Plaguicidas 22 años y 8 en la industria Editorial. En Mexicali, Director Nutrimex (2011-14) (email: togomez39@gmail.com)


  • Opiniones sobre esta nota